El superpoder del cómic




A MicroChang le llaman así porque es idéntico a sus tíos, los hermanos Chang, una especie de clon a escala. Y a Microchang no había nadie que lo cuidara –ni cuerpo que lo resistiera- aquella tarde. Así que se presentó la hermanita Chang aferrando a su criatura por el cuello (que de lo contrario saldría corriendo en cualquier instante para embestir una aplanadora) y con estas palabras lo puso en manos de sus tíos: “Tengo mucho que hacer y no me puedo quedar con él ahora; por favor háganse cargo que yo paso a recogerlo a las ocho”. Se dio media vuelta y bajó las escaleras, y cuando pisaba el último peldaño se giró con expresión de absoluto alivio para agregar: “Suerte… mucha suerte”.

Los tíos Chang, conocedores del carácter indómito del sobrinito, lo encerraron bajo llave en una habitación de paredes acolchadas construida especialmente para él, atiborrada de películas, juegos de video, libros, juguetes y con una pecera repleta de pececitos de colores. Nos dejaron a nosotros flanqueando la entrada con la instrucción de no dejarlo salir de allí, pasara lo que pasara. Pero entonces al rato algo comenzó a sonar adentro, como si un perico se hubiera tragado a un gorila, y luego otra cosa como si un hongo atómico fuera apagado de un baldazo por un tsunami. Nos miramos y abrimos. Los libros estaban atascados de a cinco en el reproductor de DVD, las películas estaban aprisionadas -con caja y todo- dentro de la consola del videojuego, los videojuegos estaban clavados en las paredes como estrellas lanzadas por un ninja, los cables del toma corriente hacían cortocircuito dentro de la pecera (de manera que ésta hacía sido convertida en una monumental sopa de pescado). MicroChang –en el medio de todo aquello- lucía en interiores, vestido apenas con una capa hecha con la misma tela acolchada que minutos atrás cubría los muros.

Llamamos a la señora de la limpieza y mientras llegaba permanecimos aplastados contra la pared sin saber qué hacer con aquel pequeño monstruo. La señora Yusmaira llegó, vio el desmadre y comentó: “Yo sé qué le vendría bien a este carajito”. Y nosotros temblamos porque pensábamos que iba a decir que un par de buenas nalgadas y después quién le explicaba lo de la violencia física a los tíos. “Ya vengo” agregó al salir del cuarto con su escoba y nosotros dijimos “nada, fue a buscar una correa”. Pero regresó al ratito con unas revistas ilustradas. “¿Le trajo unas comiquitas al niño, Yusmaira?”. “Comiquitas no, señores: Cómics, los de mi hijo”.

MicroChang agarró un puñado y comenzó a ojearlos. Algo en su cara se iluminó, se acomodó en una poltrona y puso cara de que algo crucial se había roto, algo nuevo había irrumpido; aquello era el ansiolítico más poderoso y benigno del universo. Llegaron los tíos en aquel preciso instante y por primera vez en sus vidas vieron al niño despierto y en calma al mismo tiempo. Se sentaron junto al sobrino a ver qué era aquello, qué magia extraña se desprendía desde esos cuadritos. Qué animal era ese perro que no tenía movimiento pero se movía, que no tenía sonidos pero sonaba, que parecía al mismo tiempo una película, un libro, una pintura, una foto. Y los había de aventuras, de superhéroes, fantásticos, místicos, había unos que mataban de risa, otros que espeluznaban y otros que espeluznaban otros pelos y por otras razones (esos se los guardaron en los bolsillos del traje con disimulo los Chang y pensaron en verlos con calmita esa noche).

Nosotros nos unimos al grupo y en un minuto estábamos los cinco absortos compartiendo cómics, rodeados de cómics, nadando en cómics, respirando cómics. Son así, tienen ese poder, son de las pocas cosas capaces de armar un universo donde la gente más disímil se da la mano y se reconoce.

“Este es uno de los mejores inventos de la humanidad” dijeron los Chang. “Aquí que todo el mundo se ponga a hacer cómics”.

De un salto nos dispusimos a escribir guiones, a dibujar viñetas, a llamar a los amigotes para solicitar (entiéndase “exigir”) sus colaboraciones. MicroChang permaneció sentadito en su poltrona ajeno al mundo allá afuera. Estaba muy ocupado haciendo una de las tareas más importantes que todo hombre puede hacer en su vida: leía cómics. Y les creía.


Fedosy Santaella y José Urriola
(guionistas, ilustradores, autores, editores y niñeros)




Y a modo de postada los hermanos Chang recomiendan un libro que es excelente para combatir la estupidez... Aquí les va...

Entendiendo lo inentendible




El hombre que más sabe de comics se llama Scott McCloud.

Este señor publicó un ensayo en 1999 que se llama Understanding comics. Ahí encontrarán una bella explicación sobre por qué lo más importante del mundo de las historietas pasa justo entre un cuadro y otro, entre un dibujo y otro, convirtiendo a este género en un «arte invisible».


El lector también encontrará una explicación sobre por qué los superhéroes del pasado tenían esos uniformes tan ridículos y tan coloridos. ¿Quieren saber la razón? Pues es muy sencillo: en aquel tiempo las imprentas no tenían la tecnología actual que permite las más delirantes combinaciones de colores. En el pasado, y a duras penas, se podían imprimir cuatro colores planos y ya. Por eso los superhéroes tenían esos trajes de pigmentos feroces, puros y chillones. Lo que era una debilidad se convirtió en una parte del discurso y de la identidad de los comics. Los interiores por fuera de Batman, Robin, Superman y demás, así como el color verde de Hulk, fueron concebidos así por un problema de imprenta y no por las perversiones de sus creadores.


Understanding comics
trae maravillas como éstas y otras mucho más complejas.

Escalofríos Compañía Anónima

Gonzalo Jiménez


Los caminos de Dios son extraños e inescrutables. Hasta que un accidente de bote puso fin inesperadamente a la vida de su padre en agosto de 1947, William M. Gaines contemplaba un futuro sin sobresaltos como profesor de química tras sus gruesas gafas de carey. Las fotografías de aquella época lo muestran como un joven robusto, entrado en carnes y con cierto aire ensoñador que ocultaba una mente ágil e inquieta, obsesiva y orientada a los negocios. Su padre, el viejo Max Gaines, había sido uno de los pioneros en el negocio de las historietas y había construido un imperio editorial en base a animales antropomórficos e historias de la Biblia. Al viejo Gaines se le atribuye haber iniciado en 1933 la venta de comiquitas en los quioscos, así como la idea de editar las primeras historietas con historias originales y no simplemente refritadas de los periódicos.

Cuando una lancha de velocidad se estrelló contra el bote en el que iba su papá, en el refugio veraniego de la familia en Lake Placid, el joven Bill Gaines, recién licenciado del ejército y listo para culminar sus estudios como profesor de química en la Universidad de Nueva York, se encontró con que su madre lo había designado como nuevo presidente de la empresa. Resulta curioso que alguien que llegó al mundo de las historietas contra su voluntad y sin conocimiento alguno de cómo se vendían comiquitas terminara dejando su huella en el negocio e incluso llegara a ser protagonista de uno de sus episodios más polémicos y oscuros (relatado magistralmente en la novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, de Michael Chabon). Ese pasaporte a la inmortalidad estaba sellado por tres únicas palabras: el horror gráfico.


Hoy, seis décadas después de que fueron originalmente publicadas, las historietas de terror que William M. Gaines publicó para la editorial EC Comics (la EC es por “Educational Comics”, ja, ja, tremenda ironía) sorprenden por la descripción gráfica de la violencia, por el vértigo aterrador de sus tramas y por sus finales macabros; en fin, por la ambigüedad en el manejo de lo políticamente correcto: en una de las tapas de Shock SuspenStories podía verse con lujo de detalles como se freía en la silla eléctrica un condenado, para dar paso en sus páginas internas a una historia que condenaba la intolerancia racial en el sur. En EC Comics las manos que emergían de una tumba para atenazar el cuello de una víctima no eran los típicos huesos blancos de las comedias, sino las extremidades putrefactas y supurantes de la descomposición: espectros “conscientes del gusano que los roe”, como escribió el poeta William Blake.


Esta línea de títulos –cuyas tramas eran la mayoría de las veces urdidas por el propio Gaines junto con el guionista e ilustrador Al Feldstein– con temas de horror, crímenes y ciencia-ficción fue amplia y exitosa. Algunos de ellos son conocidos por haber sido relanzados en los años 80 bajo el formato de una serie de TV: Tales from the Crypt, The Vault of Horror, The Crypt of Terror, The Haunt of Fear, Crime SuspenStories, Shock SuspenStories y Weird Science-Fantasy, entre otros títulos menores. Debe aclararse que las historietas sobre crímenes no fueron un invento de EC Comics, pues su autoría se debe a Lev Gleason, quien introdujo en junio de 1942 el suplemento Crime Does Not Pay (El crimen no paga). Pero el género de horror ilustrado sí tiene como padres a Gaines y Feldstein. Así lo recuerda Feldstein en el libro Tales of Terror! (Gemstone Publishing. Seattle, 2000): “En aquellos tiempos, si alguien sacaba historietas románticas, nosotros sacábamos nuestra versión; si alguien editaba comics de vaqueros, nosotros a continuación hacíamos lo mismo hasta que el género se agotaba y ya no era rentable. Así que decidimos iniciar nuestra propia línea. Bill y yo recordábamos programas de radio como The Witches Tale o Lights Out. Y nos dimos cuenta que nadie había hecho historietas horribles, aterradoras, que fueran realmente espeluznantes”.


Gaines siempre tuvo problemas de peso, por lo que ingería tres pastillas diarias de dieta (cuya fórmula incluía el medicamento Dexedrine). El resultado era que a Gaines le resultaba imposible conciliar el ensueño. Este insomnio eterno le permitía al editor permanecer despierto toda la noche, tiempo que ocupaba en leer todo lo que caía en sus manos: Poe, Conan Doyle, Bierce, Lovecraft, O. Henry, Lord Dunsany, Bradbury; en fin, desde autores clásicos hasta los más jóvenes autores que engalanaron las páginas pulp de la revista Weird Tales. Cada mañana, Gaines le lanzaba argumentos a Feldstein, quien luego armaba la historia y la servía a una de las plantillas de ilustradores más asombrosa que reunió una editorial: Wally Wood, Joe Orlando, Jack Davis, Graham Ingels y Jack Kamen, entre otros. En los títulos de EC Comics muchos finales resultaban inesperados, al estilo O. Henry, develados prácticamente en el último panel. Abundaban también los villanos –especialmente esposas infieles– que recibían su merecido, a veces castigados por una jugada del destino. Las portadas, obras maestras del movimiento y el efecto cromático, eran explícitas, al punto que podría catalogárselas como precursoras del “torture porn” del director de cine Eli Roth.


El éxito de estas historietas durante el período 1950-1954 dio pie a muchas imitaciones; de hecho, fueron un fenómeno de ventas en una época en la que muchos hogares en Estados Unidos todavía no tenían acceso a la televisión. La dosis diaria de entretenimiento casero de millones de niños y jóvenes se repartía entre la radio y los comics. En 1954, la industria de historietas vivió su momento cumbre, con ventas estimadas entre 70 millones y 150 millones de ejemplares al mes. Los títulos de EC Comics se dirigían a un público más adulto, pero la violencia y tono macabro de las portadas de Crime SuspenStories, Shock SuspenStories y Tales from the Crypt captaron la atención del doctor Fredric Wertham, psiquiatra que había trabajado en el hospital Bellevue en Nueva York. En 1954 el doctor Wertham publicó el libro Seduction of the Innocent, que causó un enorme revuelo en la prensa estadounidense debido a la tesis que aventuraba: que los comics eran una de las causas principales que empujaban a los niños a la delincuencia. El escándalo alcanzó las instancias del Senado, que terminó creando un Subcomité para Investigar la Delincuencia Juvenil. Esta instancia senatorial convocó en Nueva York a la industria de historietas para que rindiera declaración sobre el tema. Así, el 21 de abril de 1954, William M. Gaines rindió testimonio, en un debate que fue televisado a todo Estados Unidos. Michael Chabon, en su novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay, describe las palabras de Gaines como “erráticas y soberbias”. Lo cierto es que el editor se encontraba bajo los efectos del Dexedrine y bajo la presión del interrogatorio de Estes Kefauver, senador por el estado de Tennessee y candidato presidencial, Gaines perdió foco y con dificultad para articular un discurso persuasivo.



Una portada en particular –la edición No. 22 de Crime SuspenStories– fue usada como evidencia por el senador Kefauver para dejar en evidencia a Gaines como un hombre incapaz de reconocer la diferencia entre el arte y el mal gusto. La portada de marras mostraba a un hombre que sostenía un hacha en una mano y en otra la cabeza de una mujer, cuyo cuerpo yacía en el ángulo inferior de la tapa. El filo del hacha estaba manchado de sangre, obvia consecuencia de haber sido usado para decapitar a la chica. Esta impactante escena dio pie a un diálogo que dejó atónitos a los espectadores que veían el debate por TV y que aquí se reproduce de la transcripción de la sesión parlamentaria:

Senador Kefauver: Aquí está su edición de mayo, la número 22. Aquí parece estar un hombre con un hacha sangrienta y que sostiene la cabeza de una mujer que acaba de ser decapitada. ¿Le parece que esto es buen gusto?

Gaines: Sí, señor. Así lo creo para la portada de un comic de horror. Una tapa de mal gusto habría consistido, por ejemplo, en que se sostuviera la cabeza un poquito más arriba para que se viera manando sangre del cuello y subiendo un poco el cuerpo para que se apreciara que su cuello estaba sangriento.

Senador Kefauver: ¡Pero sí ya le sale sangre de la boca!

Gaines: Sólo un poco.

Senador Kefauver:
Y hay sangre en el hacha. Creo que la mayoría de los adultos se impresionan con una imagen así.


William M. Gaines pasó a simbolizar todo lo peor que se criticaba a la industria de las historietas de terror. El 14 de septiembre de ese mismo año, el presidente-editor de EC Comics anunció el cierre de su línea de comics de terror y crímenes. La noticia tuvo un costado afortunado: Gaines reformuló su historieta de humor llamada Mad y la relanzó como una revista. Hoy Mad es una institución editorial con más de 50 años de vida. Y el horror gráfico y macabro dio paso a versiones más comedidas, como las de los suplementos de los años 60 y 70 que evocaban antologías del tipo Galería Nocturna. Se trataba de una clase de terror que hoy en día es bien visto pues lo sostiene la mirada nostálgica de quienes fueron niños a finales de los años 60, pero que no guarda relación con el verdadero horror, aquel que entrevió William M. Gaines en sus noches de insomnio.


Cartas de rechazo a los estudiantes no admitidos en el instituto xavier para jóvenes talentos

Yael Farache



Querida Chantal “TV Surfer” Doillon:

Muchas gracias por tu interés en nuestro instituto, pero por desgracia no has sido admitida en nuestra escuela este año.

Saber de memoria toda la programación de la televisión por cable es, sin duda, una habilidad que requiere de muchas horas de estudio y práctica. Sin embargo, no consideramos que sea realmente un superpoder. Júbilo comentó que serías una buena adquisición para nuestra sala de estar, pero le recordamos que nosotros también recibimos el TV Guide. Esperamos que consigas una carrera más orientada a tus capacidades, ¡estamos convencidos de que hay muchas!

Profesor X
Director


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Estimado John “Glow in the Dark” Miller,

Lamentablemente no has sido aceptado este año en la clase del instituto Xavier para jóvenes talentos.

Consideramos que si bien brillar en la oscuridad es un poder especial, no nos sería muy útil en situaciones de combate. Incluso podría arruinar operaciones que requieran estrategias de ocultamiento, delatando automáticamente la posición de nuestro equipo. Esperamos que entiendas esta situación. Mucha suerte en tu futuro.

Profesor X
Director

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Estimado Franz “Aguila de Hierro” Braunschweig,

Lamentamos comunicarte que no has aprobado las pruebas de admisión para incorporarte en nuestra escuela este año.

Aunque obtuviste el segundo puntaje más alto en las pruebas de inteligencia y de fuerza, y tu poder de escupir enormes cantidades de gas tóxico es realmente impresionante, nos preocupó un poco tu ensayo. Ninguno de los profesores ni de los alumnos en nuestro instituto considera que la limpieza étnica es la solución para todos los problemas de la humanidad. Incorporarte no solo sería incómodo, sino que además podría ocasionar demandas a la serie.

Profesor X
Director

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Querido Jorge “El Desarmador” López

Agradecemos tu interés por participar en nuestro programa. Este año no podremos ofrecerte un puesto en nuestra escuela.

Todos coincidimos en que la habilidad de desarmar cualquier bayoneta sería muy provechosa en el siglo XVII, pero en este momento nos enfrentamos a armas más modernas y letales como metralletas automáticas, revólveres a repetición y bombas atómicas. Sin embargo, y en vista de que a nuestros autores se le están acabando las ideas, es posible que por alguna trama extraña, en algunos números nos envíen a buscar algo en siglos pasados. De ser así, ten por seguro que te llamaremos, aunque los lectores nunca antes te hayan visto, para que te unas al equipo. Muy buena suerte mientras tanto.

Profesor X
Director

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Queridos Zan y Jayna “Gemelos Fantásticos”

Muchas gracias por su interés en nuestro instituto, pero lamentablemente no han sido aceptados en el programa este año.

Zan: si bien el poder de convertirse en agua, vapor o hielo, puede ser muy útil en ciertas situaciones (como para enfriar bebidas en la playa), no consideramos que tenga un valor táctico más allá de ser una curiosidad.

Jayna: tu poder de convertirte en cualquier animal real o mitológico es impresionante, pero lamentablemente necesitas necesariamente de la presencia de tu hermano para que funcione. Así que decidimos no aceptar a ninguno.

Sin embargo, no todo es triste. Aunque nos irritó un poco su vestuario, estamos convencidos de que podrían ser muy atractivos para otras partes de la demográfica. Por eso decidimos enviar sus currículums a la Liga de la Justicia, y otros shows más infantiles, donde quizás puedan explorar mejor su vena artística. ¡Mucha suerte en el futuro!

Profesor X
Director



http://lucindaloslunes.blogspot.com

Aclaratoria a quien le pueda interesar

Roberto Echeto ®



En estos tiempos llenos de estulticia se ha puesto de moda entre mis coterráneos el uso de la palabra «ilustración» para designar a cualquier dibujo que se les cruce en su camino. De ese modo, si tienen la suerte de hojear un libro de Miguel Ángel, de Giacometti o de Le Corbusier, mis ilustres contemporáneos afirmarán, sin que les titubee la voz, que se encuentran frente a unas «ilustraciones» de lo más interesantes.


¿Por qué mis contemporáneos confunden dibujo con ilustración? ¿Será que no saben la diferencia? ¿Creerán que todo dibujo complementa porque sí a un texto? La ignorancia, como todo lo malo, es milagrosa a la hora de abrirse caminos… Yo lo que sé es que mis ilustres compatriotas no sólo creen que todo dibujo es una ilustración, sino que toda representación figurativa ilustra una idea más «compleja». De ahí que crean que todo dibujo fue hecho para acompañar y complementar a un texto.

(Me perdonan la cacofonía que se forma al juntar en un mismo párrafo tantas palabras terminadas en «ción», pero ustedes saben cómo es este oficio).


Ilustrar y dibujar no son sinónimos. Un dibujo es un dibujo y una ilustración es una ilustración. Hay artistas que dibujan porque les gusta o porque ven en esa actividad una manera de organizar sus ideas. También hay quien dibuja porque sus bocetos forman parte de otros proyectos. Para eso dibujan los arquitectos, los diseñadores de moda, los pintores y otros profesionales.

Ser ilustrador es otra cosa. Ilustrar es —ya lo dije— concebir imágenes que no necesariamente provienen del dibujo, para complementar un concepto, para ampliar su radio de influencia y para hacer más explícitos algunos de sus significados. Un ilustrador es, ante todo, un traductor, un profesional encargado de traducir a un lenguaje visual un grupo de ideas que conforman un discurso. En ese sentido, y como pueden ver, dibujante e ilustrador no son lo mismo. Se puede ilustrar sin dibujar de la misma manera que se puede dibujar un perro o un gato por puro placer de estudiar sus movimientos y su anatomía.


El dibujo es una actividad que puede cerrarse en sí misma, mientras que ilustrar es un trabajo que pone la imagen al servicio de otros discursos. En otras palabras, Picasso dibujaba porque sí, porque le encantaba dibujar o porque sus dibujos constituían una etapa en el proceso de creación de otras obras, mientras que Derek Riggs tenía que devanarse los sesos para traducir a imágenes los conceptos que venían implícitos en los discos de Iron Maiden. Como artista, Picasso era libre para dibujar lo que le diera la gana. Como ilustrador, Derek Riggs debía ceñirse a las ideas que conformaban a los discos cuyas portadas ilustró. De lo contrario, le daban el trabajo a otro ilustrador.


En definitiva: ilustrar es una actividad al servicio de la comunicación, mientras que el dibujo no está al servicio de nadie y, si lo está, es al servicio del deleite y del conocimiento personal. Ésa es la gran diferencia.


Por eso me indigna tanto oír a mis semejantes confundiendo la malta con el whisky. Quizás la culpa de todo este disparate la tenga nuestra lectura apurada del DRAE en el baño. Allí (en el diccionario, no en el retrete), entre las definiciones de la palabra ilustración se puede leer: «estampa, grabado o dibujo que adorna o documenta un libro». Y claro, la gente lee corriendo y listo; cree que ya está, que eso era todo, que dibujo e ilustración son sinónimos y que está demostrando una gran sabiduría cada vez que llama «ilustrador» a un dibujante o a un artista.

El mundo está plagado de ignorantes. ¿Qué vamos a hacer sino repartir golpes de karate y tatequietos a diestra y siniestra? ¿Qué más nos queda?




http://robertoecheto.blogspot.com/

Soltala, che

Lena Yau




Dicen las malas lenguas que Joaquín, harto de su bocaza, se hizo cargo de ella.

Malas lenguas, ciertamente, porque Joaquín la adoraba.

Ella lo hizo a él y no al revés.

Gracias a ella nunca necesitó recostar su espalda adolorida en el diván de un sicoanalista.

Ella fue su catalizadora.

Incondicional, se sacrificó por él hasta lo insondable.

Tomó como suyos los principios de aquella mano que delineaba incesante.

Así fue como ejerciendo un activismo entregado

irritó a los contrarios,

cosechó antipatías,

y se hizo con un ejército de enemigos.

Cualquiera pudo ser.

Un amigo traidor.

Una maestra humillada.

Un escuadrón de la mafia rusa o china.

Un asesino profesional contratado por la Campbell o por Knorr.

Un fanático de James Bond para vengar la muerte de Ian Flemming.

Muchos dijeron ser testigos del momento en que un taxi descontrolado

la atropelló en Nueva York.

Un camión en Corrientes.

Un alud en Bariloche.

Lo cierto es que de su muerte no hay pruebas.

Sólo se sabe que desapareció.

Joaquín escucha Los Beatles y llora desconsolado.

La echa de menos.

Cuando Alicia oye los sollozos,

le prepara un mate.

Soltala, che…

Los pibes crecen, se van.

Joaquín acerca la bombilla a sus labios.

Aspira y suspira a la vez.

El porongo es un globo terráqueo.

Así no hay quien olvide a Mafalda.



http://milorillas.blogspot.com/

El don

José Urriola C.


Este era un héroe triste, decadente, solitario e inútil. Como tantos otros. Como la mayoría. Pero además estaba envejecido y cansado. Absolutamente agotado. Sobre todo, y especialmente, agotado de sí mismo. “SúperNulo, SúperNada, SúperBlof eso es lo único que soy yo”, se repetía; y con el peso de los años ni siquiera una sonrisa de ironía le salía ya para acompañar la frase. Nada duele tanto a un superhéroe como pasarse la vida intuyendo que tiene un don pero jamás tener un miserable segundo de existencia para conocer qué talento es ése. Así que el héroe bajó los brazos, mandó al universo entero largo a la mierda y se dispuso al adiós.

Se encerró en su cuarto apenas acompañado por sus discos, sus libros, todo el papel y la tinta que encontró por allí, y se entregó a lo único que sabía y podía hacer: nada. Puso a sonar a todo vatio una a una sus canciones favoritas y en la medida en que el soundtrack de su vida iba desgarrando bocinas y tímpanos se entregó a un trance desbordado de golpes de tinta sobre el papel. De esta canción robó una frase, de la siguiente arrancó un boceto, de la tercera le nació un escupitajo sobre un manchón de tinta fresca, de la otra un poema salpicado de tropezones malolientes. Y así estuvo durante semanas de inanición hasta que sonó por fin la última canción del último disco y con ella se acababa también la última esquina de papel sin rayar y moría la última gota de tinta.

Sonó entonces el silencio. Macizo, inclemente. Y el héroe sin fuerzas entendió que la historia llegaba a su fin. Reunió el poquito de aliento que le quedaba y se lanzó con amargura contra la mamarrachada de obra que había hecho. La despedazó con uñas y dientes; la regó de lágrimas, sangre y saliva. La volvió trizas, hilachas, cuadritos, la aventó contra el techo y se dejó caer al suelo mientras sintió llegar la muerte liberadora.

Cayeron como hojuelas metálicas los fragmentos, se fueron ordenando de cualquier manera, formando montículos, grupos, engranando de una manera perturbadora. Y entonces el héroe entendió que aquella cosa rota, maltrecha, bizarra, que ahora se tejía sola como un siniestro tapiz no hacía otra cosa que contar una historia, la historia de su propia vida. Que allí -sobre el suelo, después de creada y destruida- finalmente se ensamblaba un cuerpo. Esa novela gráfica hecha de papel, tinta y fluidos, cosida con toda la música que conformó la banda sonora de sus días, era el monstruo entrañable que siempre había estado esperando. Para él, lo supo, ya era tarde; pero no para otros. Otros héroes a cuyas manos llegaría su legado y gracias a él desentrañarían una señal para poder hacer cosas prodigiosas.

El héroe cerró los ojos y sonrió. Durmió para siempre el sueño plácido que sólo regala la satisfacción por la tarea cumplida.



http://joseurriola.blogspot.com/

En Siberia

Olalla Hernández





Hay gente que dice que pienso demasiado en las mujeres
Pero ¿es que hay algo más importante en lo que pensar? (Rodín, 1966)



Siempre me han fascinado las manos del artista. No tienen por qué ser generosas -si lo son, mucho mejor- pero bien pueden ser regulares (no importa). Aún así, es al tacto con su obra cuando me paralizo y una agitación abajo crece en intensidad y me deja quieta -sin aliento ni ideas- tiempo largo.

Me refiero, claro está, a las manos de El Artista. Las de Sinatra, al coger el pie de micro como se acaricia el cuello del deseo, las de Rodín al modelar cuerpos desnudos, las del escultor al dibujar esos mismos contornos y rellenarlos con la acuarela precisa, las de Picasso, Victor Frankenstein o las de mi querido Frederique Boilet.

El motivo de mi atracción por esta parte de la anatomía sobre cualquier otra es su condición primitiva. Porque en ellas se aúna lo más sutil y lo más grosero de la acción humana. Porque si son firmes en el encuentro, el saludo y la ayuda, lo son también en las despedidas. Porque ellas recogen la promesa de una creación futura. Sublime.

Las manos que yo adoro no dejan que sus figuras dominen el espacio que las rodea porque son aprisionadas. El autor da forma y la encierra para poseerla en exclusividad. El resto mira la imagen, el objeto y sus curvas: la desea. El resto la pide pero no la tiene nunca del todo.

Soy propiedad privada. Lo siento.

Y al final lo que de verdad me conmueve, en la intención del creador por dominar la obra, es su fragilidad. El temor que siente por perderla y el uso de sus manos para detenerla y evitar la fuga.

Las mismas manos que me crearon -las que me atajan- son las que, en ocasiones, abren el libro y me despiden mil veces al día: esas manos que me dejan sola en la viñeta, otra vez, y con el corazón roto.

La acuarela me diluye y el fino color me sirve de cubierta. Ya sé: que las mujeres de Pratt son fuertes –impávidas- y aguantan estoicamente los caprichos del destino, pero yo le quería.

-Ling es un hombre maravilloso, yo…
-Basta, es inútil hablar
-¿A dónde vas?
-No lo sé ¡Adiós, Shanghai Lil!

Esta tarde abrirá de nuevo el libro por la última página para observar sus tres planchas. No cambiará nada, lo dejará tal cual. Y yo me permaneceré ahí: Linterna roja de perfil – con el pelo agitado- mirando hacia occidente por sus manos caprichosas.
Suya para siempre.

Shanghai Lil.

Memorias aleatorias sobre esos cuadritos

Enrique Enriquez



- Antes de que Giacomo Balla pintara su perrito futurista, especie de salchicha-ciempiés, dejando en shock a los inteligentosos de Europa, los artistas del cómic usaban ese y muchos otros recursos visuales para expresar movimiento frente a un público "inculto" que, sin embargo, aceptaba todas esas innovadoras convenciones sin inmutarse.

- El cómic es un lenguaje que necesitó menos de un siglo para consolidarse.

- El cómic es como el Haiku. Lo que está en el papel es tan importante como lo que no está, porque es el lector quien termina de dibujar la historia.

- Es decir, en el cómic, ese espacio blanco entre las viñetas es el lugar donde la acción se genera.

- Lei una vez a Stan Lee decir que, pese a su éxito, siempre se sintió frustrado de no haber sido un escritor serio.

- Por cierto, para quienes no lo sepan, Stan Lee es el viejito que sale haciendo de Hugh Hefner en Ironman, y el que se toma el guaraná piche en Hulk. Stan Lee sale en todas las películas de Marvel. Stan Lee es el Waldo del Cómic.

- Para quienes no sepan por qué Stan Lee se ha ganado el derecho a salir en todas las películas de Marvel, o a quienes no sepan quién es Hugh Hefer, no tengo nada que decir.

- La diferencia entre los cómics de Marvel y los de DC, es que los super héroes de Marvel tiene que lidiar con villanos que intentan destruir el mundo, y lavar la ropa sucia. Los de DC no.

- La gente que sabe de cómics odia que uno asocie los cómics solamente con super héroes.

- Los leotardos, es decir, las mallas, fueron inventadas por un acróbata y trapecista llamado Jules Leotard. Hoy en día, el único super héroe de la pantalla que se ve bien en mallas es el Chapulín Colorado.

- Hace poco, cerca de acá, una librería infantil eliminó su sección de cómics. ¿La razón? Las madres y padres de los niños se ponían nerviosos frente al "público" que venía a fisgonear las estanterías de cómics. El empleado de la tienda no sabía cómo referirse al problema y yo lamenté que en inglés no exista la palabra "pajizo".

- Hace años, recién mudados acá, Vanessa y yo tuvimos una experiencia así. Estábamos en una tienda de cómics con nuestros hijo Emilio, que para ese entonces tenía un año, y a un tullido del cómic le iba dando un ACV porque el niño estaba demasiado cerca. Vanessa le dijo: "Eso se llama un 'ni...ño...' Los niños son producto del sex...so..." Conceptos todos que sin duda eran más alienígenas para nuestro tullido amigo que el Silver Surfer.

- Porque los cómics son maravillosos pero tienen su lado oscuro, en esa gente que vive sólo a través de ellos, como vampiros que le chupan la vida a un género sin darle al mundo nada a cambio.

- Una vez le pregunté a Graterolacho por qué en Venezuela no había revistas de cómic, y me dijo: "Porque no las hacen".

Eso es todo.

Popcorn and bullets: propaganda y comics en la segunda guerra mundial

Joaquín Ortega



Como forma de arte, las caricaturas pueden transmitir ideas, contar historias y plantear sus propios mundos sin necesidad de que las juzguemos desde nuestro particular tiempo histórico. Por eso, el valor artístico de piezas propagandísticas en tiempos de guerra no debería quedarse confinado dentro de fríos museos audiovisuales o en los recovecos desmemoriados de uno que otro televidente. Debería ser -si es que los ejemplos de otros realmente enseñan- parte de un banco de datos sobre la libertad de pensamiento, con acceso obligatorio a educadores y público en general.

Durante la segunda guerra mundial dos cortos para cine producidos por Walt Disney sirvieron como elemento bélico de primer orden: Der Fueher´s Face –también conocido como Donald In Nutzi Land- y Education For Dead: The Making Of The Nazi.

El primero Der Fueher´s Face –distribuido por RKO Pictures en 1942- narra un día en la vida de un obrero entregado a la maquinaria ideológica-militar del nazismo. En este corto animado, el Pato Donald aparece como un operario fabril cualquiera. Es un elemento más en una rueda productiva, y que sólo abastece, a una lógica de muerte sistemática en campos de batalla alrededor del mundo. Será justamente, gracias a ese clásico humor que genera su mal carácter -amén de mostrar una detallada vida plena de privaciones- lo que separa a la historia de un drama y lo convierte en una comedia de tortazos y equivocaciones.



Infinidad de elementos para la despersonalización se plantean en la caricatura, casi que enumerados para un manual de manipulación sectaria:

1.- el hambre y la ausencia de proteínas para evitar la fortaleza para la crítica, el juicio propio o la huida del lugar de vida -o más bien de reclusión-,

2.- el uso de la música para inclinar, a la manera conductista, estímulos y respuestas en torno a un mundo “colectivo y pleno” más que a uno propio e individual,

3.- la lectura de un texto sin reversos –Mein Kampf-, obligatorio, irracional y patrañero para formatear a las mentes por medio de valores y creencias excluyentes con la diversidad, y cónsonos con una sola visión del mundo,

4.- la actividad repetitiva en la fábrica, siendo la línea de producción junto al culto al líder una mezcla inaudita entre lo Chaplinesco y lo Orwelliano,

5.- las imaginarias recompensas ejemplificadas en unas vacaciones -virtuales que no físicas- más orientadas a la continuación de un escultismo ideológico, que a una higiene de la psique.

La historia mantiene los estándares de las producciones al uso. Brilla bajo la estética clásica de los Estudios Disney –y que sólo se reformaría a partir de mediados de los cincuentas-. Allí, Donald sufre -sin Pluto u otro amigo del imaginario Disneyland- el acoso y la dirección de una banda musical en donde hasta el emperador Hirohito y el dictador Benito Mussolini son parte ejecutante.

El cuarto de Donald refleja la pobreza y el racionamiento. Las fotos de los líderes del eje adornan las paredes de esa suerte de barraca, y que tanto en el exterior como el interior fortalecerán la omnipresencia del partido nazi en esvásticas dibujadas en nubes, árboles, cercas… en los parches de los pantalones. La fábrica está custodiada por soldados, y en la alucinación de Donald, progresivamente los personajes se vuelven máquinas, así como las máquinas se retuercen en recordatorios déspotas de un trabajo cuasi esclavo y alienante.

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En cierta sintonía figurativa con Historia de un Perro de Bertold Brecht e incluso intuyendo algunas de los desvaríos dentro del Gulag soviético -a lo Alexander Solzhenitsyn- este producto evidentemente anti nazi y pro norteamericano, no deja de generar angustias al mostrar al final de la pesadilla -y ya de vuelta en Norteamérica- cómo la sombra de la estatua de la libertad, puede confundir a muchos, incluso en su propia tierra, con la antítesis del sentimiento norteamericano: el fascismo.

El fascismo, ese esquinado sigiloso que ataca mundialmente con múltiples caretas discursivas y que ya no necesita del rojo o del negro para engañar a los civiles, sencillamente, porque estos últimos han dejado que otros se disfracen de mayoría por ellos, o porque voluntariamente vendieron por miedo, una primogenitura intransferible como ciudadanos soberanos y vigilantes.

Tema musical original de Oliver Wallace e interpretado por Spike Jones And The City Slickers:

When der Fuehrer says, "We ist der master race"
We HEIL! HEIL! Right in der Fuehrer's face
Not to love Der Fuehrer is a great disgrace
So we HEIL! HEIL! Right in der Fuehrer's face
When Herr Göbbels says, "We own der world und space"
We HEIL! HEIL! Right in Herr Göring's face
When Herr Göring says they'll never bomb this place
We HEIL! HEIL! Right in Herr Göring's face

Are we not the supermen
Aryan pure supermen
Ja we ist der supermen
Super-duper supermen.
Ist this Nutzi land not good?
Would you leave it if you could?
Ja this Nutzi land is good!
Vee would leave it if we could

We bring the world to order
Heil Hitler's new world order
Everyone of foreign race will love der Fuehrer's face
When we bring to der world disorder

When der Fuehrer says, "We ist der master race"
We HEIL! HEIL! Right in der Fuehrer's face
When Der Fuehrer says, "We ist der master race"
We HEIL! HEIL! Right in der Fuhrer's face

When der Fuehrer says, we never will be slaves
We heil! Heil! But still we work like slaves.
While der Fuehrer brags and lies and rants and raves
We heil! Heil! And work into our graves.

When der Fuehrer yells "I got to have more shells"
We heil! Heil! For him we make more shells
If one little shell should blow him right to hell
We heil! Heil! And wouldn't that be swell?


Education For Dead: The Making Of The Nazi. En este corto de 1943 se hace una versión libre del libro de Gregor Ziemer. Se plantea cómo desde el comienzo el niño Hans es permisado por el Estado, podría decirse que planificado en función de una boleta familiar que debe ser llenada con al menos 11 niños más para la patria. La mujer es un solo un sujeto para la reproducción. La familia es intervenida, controlada y evaluada en función de propósitos de guerra. El nombre es examinado y se le da el visto bueno al confrontarlo con una lista de nombres “antialemanes”. A medida que Hans crece, su inocencia natural va siendo tensada hasta restarle humanidad e inyectarle un espíritu de superioridad desde el racismo. Su madre debe dejar de prodigarle amor o será el Partido Nazi quien lo eduque. La educación es sesgada hacia una sola visión antropológica en donde el fuerte siempre vence y el débil perece a manos del lobo humano.


Un cuento de hadas editado con fines políticos se convierte en fábula: la bruja mala viene a representar la Democracia, la doncella a punto de ser corrompida es Alemania. El caballero andante es Adolf Hitler. Es el camino del engaño y de la deformación hacia el odio.

En la vida cotidiana la única ruta posible es la militancia a un solo partido y de allí a la guerra. Se eliminarán los libros que contengan restos de ciencia o arte judía. El “decadentismo burgués” de los comunistas se parece demasiado al “intelectualismo judío” perseguido por los nazis.

Imágenes todavía impactantes: partituras de Mendelsohn ardiendo, permutación del amor cristiano por la espada vikinga. La destrucción de templos y de vitrales con La Virgen María. Un Hitler sonriente, pero maligno a todas luces observa desde un portarretratos todo el proceso.



Hitler y Disney:

Mientras Adolf Hitler admiraba en secreto a Walt Disney, éste lo odiaba al descampado. Según fuentes cercanas al nazismo esotérico una de las películas preferidas del dictador alemán era Blanca Nieves y los Siete Enanos. Tal vez, una metáfora oculta del destino legendario de un hombre y una nación en busca de una vieja mitología y un destino planetario de raza superior. Algo a punto de dilucidarse es la autenticidad de unos dibujos al pastel. Adolf “el malo”, pintaba a tres de los enanos y a Pinocho tan tiernos como sólo ellos pueden ser.


Donald, Democracia y Guerra

El pato Donald no fue nazi, sólo hizo el papel de uno -y a pesar de que las paradojas abundan entre Disney y Hitler- el uso de la propaganda política en tiempos de guerra, puede alcanzar el estatus de arte o tocar las sucias losas reservadas para los panfletos. Una pesadilla nueva, y a pesar de fofa, desbanca a los viejos malos sueños: es la perorata antidemocrática.

Que nunca nos de miedo mirar hacia atrás para saber cómo los viejos combatientes acabaron con los leviatanes que entonces les tocó vencer. Preparémonos en ser aguas vivas de la defensa del sentido común. Ya lo decía el general romano Vegetius en de Re Militari:

“En los primeros tiempos el arte de la guerra, tendió a olvidarse. Fue, la más de las veces, recuperada por medio de los libros y se restableció por la autoridad y la atención de nuestros generales”.

En ese entonces, los rangos se alcanzaban en la lucha diaria, ahora todo apunta a lograr ser certeros en la nueva Diana.

P.S.: Un artículo aparte se merece The Ducktators de 1942, producida por Looney Tunes y escrita por el inmenso Norman McCabe, otra joya que pueden disfrutar por ustedes en:

http://youtube.com/watch?v=cSvs_mHJ3so&feature=related

y

http://youtube.com/watch?v=pjLfyooJQEc&feature=related

Education for dead:

http://youtube.com/watch?v=45EPqQUB480


Der Fueher´s Face:

http://www.youtube.com/watch?v=mZiRiIpZVF4

Pasteles del Hitler en Google images.

La otra cara de la moneda:

Visión nazi:

http://youtube.com/watch?v=WIlr_rZKR4c&feature=related

Y la visión nacionalista soviética contra los nazis:

http://youtube.com/watch?v=KvJ4mQ3ERuw&feature=related

What Hitler Wants:

http://youtube.com/watch?v=FRcBt904OJ0&feature=related

¿Algo más loco?: He Man como nazi en:

http://youtube.com/watch?v=SRHui9sDGms



http://www.joaquinortega.blogspot.com/

OUCH!, ZAZ, BIFF

José Javier Rojas



1. (OUCH!)
Tuve la suerte de conocer a Luis Manuel Fernández en el verano de 1996, cuando mi amigo Carlos José Monzón me invitó a fundar el novísimo departamento de internet de Venevisión que él y Carlos Sicilia estaban montando sacándose de sus chisteras de aprendices de brujo. Mi escuela de verano en la Colina fue prolífica en enseñanzas que atesoro desde entonces, la primera y más importante: el periodismo, el digital y el otro, no se aprende en las aulas de ninguna universidad. Quedan para el recuerdo del equipo y para la risa postrera las palabras que el radiopasillo atribuyó a Joaquín Riviera "esa vaina del internet es una moda pasajera en la que no merece perderse el tiempo". El Miss Venezuela, es por todos sabido, eso sí que es una empresa seria y trascendente que justifica todos los desvelos y esfuerzos concebibles de nuestros connacionales. No en balde las coronas se celebran más que los goles de la selección. Qué Yahoo ni que Google de mis tormentos. Juguetes caros para nerdos y otakus.

Reconozco que éramos una peste, persiguiendo a los redactores y reporteros para ordeñarles la información que ellos traían de la calle. La gente del departamento de prensa nos padeció con más paciencia que garbo, pero sobrevivimos en tensa armonía sin que la sangre llegara al río. En las redacciones se vive al ritmo impredecible de la noticia, o como dicen los reporteros, de los rayos que caen con fuerza fulminante, siempre en el lugar donde menos se los espera. Recuerdo la cobertura que Luis Manuel dio al rayo madrugador del atentado terrorista de un loco con un niple, en un parque de la Villa Olímpica en Atlanta. Esa fue una de las primeras noticias que cubrió el periodismo digital venezolano en vivo: Luis Manuel en el lugar de los acontecimientos y Carlos haciendo el avance para la TV y produciendo y subiendo la noticia a venevision.net antes que todos los demás medios locales siquiera recibieran los despachos de las agencias. Trabajo impecable. Un tubazo. Por el pecho.

Viendo en persona el acucioso trabajo de Luis Manuel, aprendí que uno debe ser realmente dueño de la fuente que maneja: si te equivocas, ellos lo sabrán. El público, convencionalmente tratado de imbécil, sabe, aunque a veces parece que se le olvide que sabe. Los periodistas, en especial aquellos que cubren deportes, no pueden darse el lujo de dar un dato incompleto, inexacto o falso. Una miríada de mánagers de tribuna, el público conocedor, la mismísima opinión pública personificada en persona, en muchas personas esto es, los abuchearía y clamaría por una satisfacción en cuanto detecten una pifia. Piensen por favor en una turba sedienta de sangre con tridentes, macanas y teas encendidas con ánimo de linchamiento por quítame estas pajas. No hay tal cosa como la trivialidad: una marca de bateo es cosa de vida o muerte para alguien en alguna parte, y pobre de quien se lo tome a joda. El respeto que nace de saber que el otro sabe tanto o más que uno es la humildad que distingue a los profesionales realmente grandes de los meros pantalleros tiradores de físico que se creen artistas porque tienen un patrocinador, así sea apenas una charcutería, una ferretería o una óptica.


2. (BIFF)
No sé ustedes, pero para mí las mujeres de comiquita no son juego de niños. Ya desde que leía Periquita en mi tierna infancia, no estaba satisfecho si en la tira no estaba incluida la Tía Dorita. Cuando la veía me entraba mi primer fresquito dominical. Podía ver fijamente su rictus de asombro congelado en las viñetas hasta que mi propio agotamieto ocular me hacía pensar que era ella la que me guiñaba un ojo con esas pestañotas de rumbera.

Tía Dorita fue mi primera morena de infarto. Luego llegó Modesty Blaise en las páginas de El Universal, y mi visión del mundo y de las mujeres jamás sería la misma. Modesty le daba a todo con todos y contra todos. La paradoja de su nombre me galvanizaba la entrepierna sin estrenar cuando con poca ropa o sin ninguna (¡y en ese colegio de monjas que era El Universal!) le partía la crisma a un fulano con la misma gracia que le plantaba un beso a su compañero después de sacarle una bala del muslo o una astilla de la testera. No he visto la versión que hiciera Mónica Vitti en 1966, pero me pregunto a quién habré de matar para que me hagan un remake de la peli con la Mónica Bellucci, quien nació para darle su carne voluptuosa a mi amada aventurera bidimensional.

Hoy con múltiples canales y a la vuelta de la esquina de la alta definición no hay forma de explicarle a un muchacho lo que significó para mi generación la transmisión de Barbarella la noche de un domingo por Radio Caracas Televisión en glorioso blanco y negro monoaural. La mirada de alucinados con la que nos reconocimos todos los varones en el transporte del colegio la mañana del lunes era la evidencia de que la teta de Jane Fonda enfundada en plástico transparente nos había llevado hasta donde ninguna teta nos había llevado antes. La nuestra había sido una erección colectiva, multitudinaria e insisto, generacional destada por el personaje creado por Jean-Claude Forest. Honor a quien honor merece, Jane Fonda, precursora del Movimiento MILF, ñangarosa maoista devenida en empresaria de los ejercicios aeróbicos y musa de nuestros primeros sueños húmedos. Gracias por los favores recibidos.


3. (ZAZ)
Escribir de cómics es una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer desde que Santaella y Urriola, el bufete de abogados ocultistas opiómanos, montaron la fachada de las Empresas Chang para distraer al mundo de sus incomprensibles fines inexplicables. La comunidad venezolana del cómic, hermandad en realidad, porque la endogamia es parte importante de sus hábitos y costumbres rituales, se conoce en profundidad sin necesidad de santo y seña. Primero y principal, son pálidos y tienen los ojos inyectados de sangre por sus desvelos de masturbación compulsiva, a veces colectiva. Para un lego podrían pasar por estudiantes avanzados de sánscrito o arameo, una confusión normal para quienes no estemos familiarizados con el klyngon o el élfico. Las convenciones multitudinarias, como la celebérrima Comic Con de San Diego, no tienen sentido en este nuestro yermo patio de bolas. Los anunciantes lo saben, y por eso no gastan su dinero de gente seria y exitosa en una actividad marginal de marginados sin futuro. Los ejecutivos de las publicidades lo saben, y por eso se ríen de los manganzones que les vienen cada tanto con delirantes proyectos ambiciosos para desarrollar franquicias venezolanas, se burlan de sus sueños de invertir en formación de guionistas e ilustradores para ampliar el mercado y empezar a editar tiras y novelas gráficas. Los empresarios libérrimos de los medios lo saben mejor que nadie, y por eso prefieren gastar divisas importando marcas antes que generarlas con el mercadeo de productos propios. Que Pixar, Dark Horse y Marvel, por nombrar apenas tres ejemplos de industrias de medios, estén formadas por manganzones onanistas igual de pálidos y con creencias igual de risibles para ellos no los conmueve ni tantito así para repensar o revisar sus paradigmas de gente seria y exitosa.

Matt Groening, confúndelos.
Alan Moore, satanízalos.
Steve Jobs, fulmínalos.
Stan Lee, extermínalos.

Amén.

Crímenes más sazonados

Mario Morenza




Albert K. Brön era un eminente cocinero que disfrutaba del aprecio de sus colegas y, en general, de todo el medio gastronómico. Pero bajo la apariencia de un hombre normal, respetado y querido por todos, se escondía un ser maligno preñado de diantres.

Muchos momentos dejaron huellas indelebles en la vida de Albert. Pero, ninguno fue tan profundo como su gran amor, Ricarda, conocida joven de la sociedad aristocrática e hija única del Conde de Sabbro y la Condesa de Sosa. La joven, aparte de poseer una gran fortuna, era atractiva y con su carisma inagotable no le costó mucho ganarse la popularidad de sus amigas a la hora de pagar las cuentas en los bares que frecuentaba.

Albert conoció a Ricarda Sabbro Sosa el 16 de abril de 1992, en unos de esos sitios repletos de copas y licores que a ella le encantaba visitar furtivamente. Era una fresca noche de primavera, aunque melancólica como el otoño. El calor del verano y la zalamería del invierno la dibujaron ellos en el crepúsculo. Cuando él supo que Ricarda iba a ser la única heredera del millonario Conde de Sabbro, comprendió que sería el amor de su vida. La conquistó recitándole poemas de Bécquer, aunque, de igual modo, la hubiese enamorado recitándole el último informe bursátil con la pea que ella tenía. Ricarda se dejó atrapar por los regazos de su nuevo amor. Loca de pasión por él, quiso convertirse en la señora Sabbro de Brön. Albert, aprovechándose de las circunstancias, la arrastró hasta la iglesia de turno más cercana y contrató los servicios de un cura. “Hasta que la muerte los separe” fueron las últimas palabras del sacerdote. Albert vio cómo la sotana oscura cubría parcialmente el rostro paralizado del religioso. Fue una verdadera lástima verlo morir, pensó Albert. El chef no estaba dispuesto a pagar por los servicios eclesiásticos. El dinero que tenía en la cartera se lo había bebido. Sí, se lo había bebido. Era un extraño vicio que adquirió por accidente al descubrir los efectos alucinógenos que produce el dinero en gotas. Además, aún no había heredado nada de nadie. ¿Estaría cerca de hacerlo? Con la mujer sobre su hombro derecho miró compungido el cadáver del cura y dijo: “Bendición, Padre... a la muerte, a veces, se le puede apurar”. Albert dio media vuelta y, sin soltar a la mujer, azotó con furia el portón de la iglesia haciendo trepidar la cruz de neón que indicaba su funcionamiento nocturno. El cocinero se marchó fundiéndose con las sombras de la noche.

Pasaron los días. Ricarda y Albert eran la envidia de la sociedad, aparentaban ser una pareja normal, abrían el pecho al horizonte y, con una carcajada, afirmaban su alegría de vivir. Pero, bajo el rebozo que suponía un amor ideal, ciertos aspectos se dilataban como un tumor maligno. La dicha de Albert no sería eterna. Dos semanas después de encontrar el amor de su vida, despertaría de su dulce sueño. Ese día, al levantarse, descubrió que las prendas de Ricarda no estaban en el closet. Tampoco había vestigio de ella ni notas ni nada que explicase su desaparición. Albert, temeroso, prediciendo lo peor, empezó a escudriñar el rumbo que había tomado su amada: ¿Habría sido todo producto de su imaginación? ¡Ricarda! ¿Un espejismo? No. No podía ser esa la respuesta. Ella nunca lo abandonaría, pensó. Al menos eso era lo que ella le respondía cada vez que la apuñeteaba, como en la noche anterior, o le lanzaba el sartén con aceite hirviendo en las mañanas de desayuno. ¿La habrían secuestrado los extraterrestres? Absurdo, ya los secuestros habían pasado de moda. ¿Entonces? ¿Para qué se llevaría toda la ropa? ¿Es qué de verdad existían motivos para tal cosa?

Horas más tarde, Albert K. Brön, vía a su trabajo, conducía su vehículo por la Av. Caos Primigenio, como llamaba a la Intercomunal de El Valle. En unos momentos de introspección, mientras esperaba por los caprichos del semáforo, comprendió que la vida no iba a ser la misma sin Ricarda. ¿Cómo la recuperaría? ¿Dónde estaría su amada? Albert se ahogaba en un mar infectado de intrigas. “¿QUÉ HE HECHO PARA MERECER ESTO?”, gritaba, sordamente, sin darse cuenta que el semáforo le guiñaba uno de sus tres ojos: El verde. El desbarajuste psicológico se prolongó por largo rato. Albert permaneció cuarenta y cinco minutos sin mover su vehículo mientras blasfemaba. No fue hasta que decidió pisar el acelerador y salir disparado como un bólido que el tráfico estuvo estancado como sus pensamientos. Por su culpa, un caso de paro cardíaco no pudo ser atendido a tiempo por la ambulancia atrapada en la maraña vial.

Mientras que el cocinero devoraba el asfalto y canalizaba sus nervios atropellando inofensivos perros callejeros, Ricarda Sabbro Sosa bebía incontrolablemente en un bar de la ciudad. El maquillaje se le despanzurraba sobre los ojos. El colorete azul-violeta parecía aplicado en medio de un ataque epiléptico. Lamentablemente, no era eso. Ella no sufría de epilepsia y, aún peor, no había maquillaje. Sí, un ataque. La joven estaba harta de que Albert la fastidiara con una sierra eléctrica en la mano, diciéndole muy tiernamente al oído que si ella lo abandonaba utilizaría sus tripas para sazonar comidas vegetarianas. La noche anterior fue de esas en las que cenó la principal receta del menú de Albert: Puñetazos a la Quiche lorraine. Ricarda se había ido, lo había abandonado. La pesadilla de Albert comenzaba. Pero, ese no sería el final de la historia, que ahora tenía un tercer protagonista.

Se llamaba Federico Alcalá Bozzo, famoso creador del champú de moco de vaca, Per Pus, e hijo de un renombrado empresario chileno, a quién el presidente de ese país, le renombraba la madre por menoscabar la creciente economía que su gobierno estaba propiciando. Por tal razón, la familia Alcalá Bozzo se vio obligada a abandonar el país andino y hacer fortuna en otras latitudes. El olfato para sacar la empresa adelante en tierras ajenas, fue la brújula que los trajo a Venezuela. Federico tenía muy poco tiempo en el país y esa misma tarde estaba libre. Así que decidió ir a beber unos tragos para relajarse un poco. De todas maneras, el objeto de su relajación no fueron los tragos precisamente. La casualidad lo guiaría hacia Ricarda. Ella necesitaba afecto, compresión y alguien que le regalara un Alka Selzer; él fue el encargado de todo eso y de otras cosas. La conquistó recitándole poemas de Pablo Neruda, poeta que a ella le gustaba mucho. Entonces, por segunda vez en quince días, Ricarda visitaría la misma iglesia en idénticas condiciones. Ahora, Federico no sólo disfrutaba de los éxitos que emergían de sus negocios, sino, también, de las caricias de Ricarda, la devoradora de poetas.

Transcurrieron meses y Albert no tenía noticias de Ricarda. El 22 de octubre de 1992, la espera de Albert llegaría a su fin. Precisamente, fue en el restaurante italiano, Pasta o Pizza ¡Cenaremos!, donde trabajaba desde hacía poco. Ricarda junto a Federico, horas antes de hacer acto de presencia, habían reservado la más acogedora y romántica mesa que ofrecía el local. Federico quería darle una sorpresa a Ricarda. Esa noche se presentaba Femio Armas, el cantante favorito de la joven. Pero, curiosamente, otra persona sería la sorprendida.

Albert K. Brön, antes de iniciar sus labores, se percató que en la lista de reservaciones se encontraba el nombre de Ricarda Sabbro Sosa. Al lado de éste, notó que figuraba otro. Era el de un acompañante, pensó. Albert nunca había escuchado a Ricarda hablar de un tal Federico Alcalá Bozzo. Frunció el ceño mientras deducía y registraba en los desordenados archivos de su memoria algún recuerdo relacionado con este nombre. Una desagradable sensación le recorrió las paredes del hígado. ¡Estaba claro! ¡No había nada que explicar! Con natural suspicacia, el eficiente chef lo comprendió todo. El acompañante de Ricarda era más que eso. El momento tan ansiado para vengarse había llegado de una forma inesperada. Albert no desaprovecharía la oportunidad que el Señor Jesucristo le había regalado. Probablemente, él cocinaría muchas cenas ese sábado, pero estaba completamente seguro de que agregaría un plato especial al menú del restaurante.

A un cuarto para las ocho y media de la noche, la engalanada pareja arribó en un convertible rojo al establecimiento culinario, sin sospechar que la cena les iba a caer terriblemente mal. Muy atento, estaba el cocinero. Él, sin manifestar signos de alteración, siguió en sus labores con la misma maestría que lo caracterizaba. Albert, tranquilo, se dedicaba a sus asuntos entre moldes y hornos. Preparaba exquisitos platos y, de vez en cuando, le echaba una mirada insidiosa a la pareja. Cuando Albert ya había terminado la totalidad de los pedidos, sin pensarlo dos veces, fue directo a poner en práctica la receta que había ideado. No se trataba de un plato sino de una bebida. Una bebida muy fuerte jamás ingerida por ser viviente alguno. Sólo una persona como Albert, que poseyese pensamientos tan oscuros como la fermentación de caraota que utilizó para concebir la bebida, sería capaz de maquinar ese pequeño infierno líquido condensado en una botella. Se trataba de un cóctel mortífero cuyos otros componentes eran: Campari revuelto con néctar de mango, merengada de cambur y un poco de coco rayado. Mientras tanto, Federico no perdió el tiempo. El millonario hombre de negocios, conociendo la debilidad de Ricarda por el alcohol, le sirvió: cerveza con pitillo.

Por conservar la modestia, por no lucirse ante la pareja y, principalmente, por mantener su presencia en secreto, Albert K. Brön desistió en llevar el obsequio personalmente. Pero, en gesto humanitario, desinteresado y lleno de amabilidad, le envió la botella bien ornamentada con un camarero. Un hermoso lazo carmesí anudaba al recipiente una tarjetita que decía: “Sé lo que me hiciste la primavera pasada.”

Albert, muy atento, vigilante a la forma con que los acontecimientos se desarrollaban, esperaba el momento oportuno para iniciar su sigiloso ataque. No mostraba signos de perturbación. Parecía un robot que poseía circuitos y conexiones dentro de su cuerpo en vez de venas y órganos. Simultáneamente, cuando Federico le susurraba a Ricarda: “Me gustas cuando te emborrachas por que estás como ausente”, le empezaron unos inenarrables retorcijones en su estómago. De inmediato, el joven aquejado por el maremoto gástrico, corrió al baño.



Todo ocurría según lo planificado por el chef. Por un lado, Federico sentado, con sus dolores estomacales. Por el otro, Ricarda sentada, viajando por los insondables mundos de la vía alcohólica. Albert, muy paciente, desde su cocina, optó por comenzar el final de su vendetta. El cocinero se tapó la nariz con un pañuelo humedecido en formol al darse cuenta de que los clientes que urgían el baño, al abrir la puerta, se les dibujaba un rictus de repugnancia en el rostro. Con dificultad, logró inmiscuirse en su interior. El olor era semejante al de La Bonanza un día soleado. Al mismo tiempo, la clientela se distraía con el inicio del show de Femio Armas.

Con pasos flemáticos, inmutable, con sus sentidos alerta como radares en busca de aviones espías, y un cuchillo Pinzú 2000 recién afilado, Albert fue en busca de la hiel de su existencia. Tenía que ser rápido y preciso como un leopardo ante su presa. La paciencia que lo caracterizaba se transformó en una indomable ira. Le temblaban las manos. Sus ojos eran dos minúsculos hoyos negros que mostraban lo sombrío de su alma retorcida. Buscó cubículo por cubículo y lo único que encontraba eran las vulgaridades que adornaban las paredes de éstos. Hasta que, al fin, en el último de ellos, lo vio postrado, con las fosas nasales dilatadas, golpeándose las rodillas. Federico, indefenso, daba gemidos en el lenguaje universal de la agonía. Albert K. Brön como poseído por un demonio apocalíptico, arremetió sin piedad hundiendo su cuchillo incontables veces en las entrañas de la víctima. Lo dejó inerme con un racimo de intestinos que afloraron por las hendiduras de las mortales incisiones. Luego, lo picó en pequeños trozos y los expelió equitativamente en cada una de las letrinas para confundir a los detectives médicos o a cualquiera que quisiera echárselas de genio criminalístico.

Minutos más tarde, el intempestivo ataque contra Federico había dejado sus huellas. El baño parecía una original obra de arte conceptual. Llamaba la atención cómo se combinaban entre sí los matices del rojo oscuro que chorreaba por las paredes con las tiras de papel toilette blanco, el marrón pastoso y el violeta fosforescente de los trozos de tripas frescas. Albert no permanecería mucho tiempo en la escena del crimen. Por instinto, sabía que si alguien, por mera casualidad, entraba y lo sorprendía todo empapado en sangre sujetando la filosa arma, lo involucraría con el reguero orgánico por simple asociación de hechos. El cocinero se marchó de ¡Pasta o pizza, cenaremos!


Después de arduas investigaciones encabezadas por el reconocido detective colombiano Jairo Holmes y el experto en criminología Nino Watson; pudieron determinar que la placa del automóvil de Albert coincidía con el la del vehículo denunciado por provocar "La tranca de mayo del´92", nombre con el que fue bautizada la tristemente célebre cola en la Intercomunal de El Valle.

El 9 de diciembre de 1998, después de seis años de espera, el ciudadano Albert K. Brön fue sometido a juicio. Las autoridades legales se encargaron de que sobre él cayera todo el peso de la Ley. Su vecino, del B-7, el abogado Rodríguez aceptó defenderlo con tal que Albert le cocinara almuerzos durante tres años. De todas maneras, el peligro no había terminado, afuera lo esperaba una turba de manifestantes encolerizados, entre ellos parientes de las víctimas de paro cardíaco, que clamaban su cabeza o la del juez en caso de que este lo declarara inocente. Todo el juicio transcurrió de manera rutinaria. El publico que asistió estaba conformado, en su mayoría, por el SINCOVEN (Sindicato de Cocineros de Venezuela). En este debate se demostró que Rodríguez debió estudiar Historia, no porque fuera mal abogado, al contrario. Su capacidad para transformar el pasado tenía la cualidad equivalente a la de un alquimista en convertir cualquier materia en oro.

A los seis meses, Rodríguez se aburrió de las recetas de Albert.

Cuchi-banalidades de la farándula cachapera... y una ñapa

Christopher el Tumbelino




Cuchi-banalidades de la farándula cachapera 1: Instántanea de Cristopher el Tumbelino acompañado de su dilecto amigo Nicolas Sarkozy durante una tenida en la famosa Brasserie Lipp, fuertemente intoxicados por los vapores narcotizantes del ajenjo mientras describen con crudeza y sin miramientos la manera brutalmente romántica en la cual sodomizan contranatura a sus respectivas hembras.

En esta foto: Cristopher El Tumbelino, Paquita la del Barrio, Carla Bruni-Sarkozy, Nicolas Sarkozy.




Cuchi-banalidades de la farándula cachapera 2: Polaroid de Cristopher el Tumbelino durante su excéntrica y atormentada juventud, dando una marivuelta psicotomimética en la alfómbra mágica de Pecos Kanvas antes de ingresar a la Discoteca La Lechuga por la puerta grande.

En esta foto: Rascón Corroncho, Cristopher El Tumbelino, Río interminable de metaqualude , Pecos Kanvas, Alfombra mágica, Afro, Shongorocoshongo.





Cuchi-banalidades de la farándula cachapera 3: Cristopher el Tumbelino junto a su primo El Maiferleidi, desatando una tormenta de sangre y tutti-frutti en el pabellon 4 del retén de La Planta. Carne fresca y sacrificio en tarde de visita conyugal con gorro frigio.

En esta foto: Cristopher El Tumbelino, Daga ceremonial, Convives, Tormenta de sangre y tutti-frutti, Carne fresca, Gorro Frigio, El Maiferleidi.




Cuchi-banalidades de la farándula cachapera 4: Hot Pic de Cristopher el Tumbelino mostrando la verdad sobre el rescate de Ingrid Betancourt. Rumba e'perico "candy-candy neo-mitológica", con Unicornios, Afroditas, TonyMontanas y sosténes del Ché. Say hello to my little friend...

En esta foto: Rumba e'perico, Las tetas-torpedo de Afrodita, Mi Ingridcornio Azul ayer se me perdió..., Cristopher El Tumbelino, Sostenes, Tony Montana.






Registro del momento infaustamente histórico en cual el ladino Le Corbusier roba a Cristopher el Tumbelino la idea original de la Villa Savoya, concebida en principio como burdel extraterrestre y plataforma aeroespacial para ovnis quesúos. Puede observarse con claridad la manifestación geométrico ectoplásmica de las ideas arquitectónicas de Cristopher el Tumbelino durante su excéntrica y atormentada juventud.

En esta foto: El ladino Le Corbusier, Burdel OVNI, Horny OVNI, Cristopher El Tumbelino, Ideas arquitectónicas materializadas.


Tardes de Cómics

Juan Zamora



La palabra “Cómic”, me remonta en un tris, al inmediato y próximo pasado. Sí, ése que está ahí, a la vuelta de la esquina que acabamos de dejar atrás. Cuando me hablan de eso –del cómic-, en seguida me embargan unas ganas terribles de salir corriendo hacia el ático para buscar el vetusto y arrumbado baúl de metal, abrirlo y sacar las amarillentas y resquebrajadas revistas de historietas que antaño alegraban mis solitarias tardes. Claro, esa emoción desaparece en cuanto me percato de la inexistencia de tal baúl, de que no conservo ni siquiera una miserable página de cualquier suplemento y, peor aún, vivo en un apartamento así que, ¡de dónde demonios saco un ático!

Queda entonces lo de las solitarias tardes, esas en las que la tele no transmitía comiquitas, y mis amiguitos se encontraban realizando sus deberes; es de suponer que yo debía estar haciendo lo propio pero, créanme que más divertido resultaba meterme de lleno en las aventuras que relataba una pequeña revista de variados colores y pocas letras. Yo fui, o mejor dicho, sigo siendo un aficionado de los cómics, ¿y quién no?, valdría la pena preguntar, de seguro una amplia sonrisa se dibujaría en el rostro del interpelado.

Todo el mundo los recuerda, y los nombra. Extensos y acuciosos análisis se presentan a la hora del café: Marvel o DC Cómics. Eso en cierta forma me aburre, porque hay “gatos” a los que definitivamente no les interesa que yo trate de escudriñar cuántas patas tienen. La teoría dice: “Serie de dibujos que constituyen una relación o cuento breve y entretenido”. Eso para mí es suficiente. Crecer con eso fue genial, y toparme a estas alturas con alguna de esas series y volver a reír o emocionarme, es lo máximo.

Si mal no recuerdo, en mi caso todo comenzó con historietas de Disney. Mickey, Donald, Pluto, Goofy, etc., todo un mundo de ternura, adaptaciones de clásicos literarios y, en algunos casos hasta insípidas situaciones. Hasta que llegó a mi vida esa maravilla voladora y fortísima a quien no le temblaba el pulso para soltarle un sopapo a cualquier felino que capturara en flagrancia. Súper Ratón era mi héroe, de él conservo esa nobleza inocente de la que se aprovechaban los malvados gatos que se disfrazaban de bebes o ancianitas para evitar el inminente castigo.

Voy a omitir muchos personajes –y que me perdonen-, por falta de tiempo, memoria y espacio. Sin embargo, trataré de seguir haciendo referencia a algunos de ellos, al menos los más importantes, los que marcaron pauta en mi desarrollo y crecimiento. De allí pues que de la ternura pasé a la justicia y la nobleza. Luego llegaron súper héroes más elaborados. Muchos, como ya dije, y entre ellos, dos inolvidables, El Llanero Solitario y El Silver Surfer. Entereza, compromiso, lealtad, sacrificio.

Hubo sexo, claro que si, no podía faltar. Para eso están siempre los primos mayores, esos carajos parecieran tener la indefectible tarea de torcerle el camino a uno, y llenarnos la cabeza de cuanta cosa sirva para perder el tiempo y las buenas cosas aprendidas. No recuerdo los nombres, pero si las ilustraciones que contenían esos cómics que mostraban exuberancias unicolores y turgencias inmóviles, cabelleras leoninas y pies puntiagudos que ilustraban acciones indecorosas e impúdicas, impropias para un jovencito como yo, que de mala manera aprendió lo que era un erección (y lo peor fue tratar de salir de lo que se convirtió en vicio). Pero tranquilos, que con el tiempo aprendimos a lidiar con eso.

Más de Marvel y DC Cómics y luego, el humor. Sí señor, los inefables Mortadelo y Filemón, Hermelinda linda y Aniceto, y hasta el Monje Loco. Quiero aclarar que la cronología trato de basarla en mis propias etapas de maduración (¿?) y nada tiene que ver con las fechas en que apareció cada publicación; bueno, en tal caso, con el advenimiento de cada una de ellas a mi vida. Es como las películas, ves el preestreno, el estreno, el remake, antes o después, qué importa, la cuestión es cómo influyó en ti.

Regresamos así a las tardes tristes y solitarias, tardes de cómics. Fue una tarde de ésas en las que conocí el trabajo de Frank Miller (en realidad no sé si fue una tarde, pero me pareció romántico contarlo así), y les puedo asegurar que sentí la misma emoción de otrora.

Sin ánimos de comparar, porque cada arte tiene lo suyo, pero resulta innegable e incuestionable la diferencia que existe entre un: “POW”, y un: “… repentinamente, con su mazo, le propinó un certero y contundente golpe en la cabeza a su poderoso rival…”. Son emociones distintas, que alegran cualquier tarde…


NOTA: A la manera de los cómics, quería poner al final de la página, “To be continue…” pero, sería sólo por poner algo que también me gustaba ver en las historietas. Aunque, de verdad que el tema da para continuar, y continuar, y continuar. Pero no lo haré, porque no es una tarde solitaria, ni esta vaina es un cómic, así que muchas gracias y… esto es todo amigos.



http://lemuriosidades.blogspot.com/

Superhéroes

Carlos Zerpa


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http://carloszerpa.blogspot.com

Hulk-mero

Javier Miranda-Luque





FUMETO Nº 1:
¿Quién no ha deseado alguna vez en su puta vida convertirse en Hulk y “escoñetar” (hipergráfico verbo creole que los gringos traducen como “to search and destroy or exterminate”) a quien se atraviese inoportunamente en nuestro itinerario consuetudinario? ¿En el promiscuo tráfico caraqueño, por ejemplo, o exprimiendo y pulverizando el automóvil de cualquier insensato que ose parquearse (así sea apenas por un nanosegundo) en nuestro puesto de estacionamiento?

FUMETO Nº 2:
Hulk es, desde luego, una gozada de personaje que arquetipifica (¿arquetipea?) el asalto y la tempestad que proclamaba el arrebatado Hölderlin, aunque también vampiriza a sus precedentes guionísticos de Jekyll & Hyde y –¿por qué no?– al mismísimo Gregorio Samsa, aquel archienemigo del “baygonazo”.

FUMETO Nº 3:
Hulk es, pues, el buen salvaje urbano, demasiado urbano, la encarnación pulp fiction de la arrechera tarantino-cotidiana. Pontifica el charlatán de mi psicoanalista que Hulk “es la catarsis hecha comic, la ficción salvavidas que nos posibilita cometer la revancha que nos rescata del pálido anonimato ciudadano”. Hulk es, sí, mi alter-ego alterado: el Hulk nuestro de cada día, dánoslo hoy.

FUMETO Nº 4:
Para mí, en todo caso, Hulk no es otro que Lou Ferrigno y el científico David Banner solamente admite el casting de Bill Bixby, aunque siempre aceptaré la presencia fetichesca de Jennifer Connelly haciendo de “Milena” desesperadamente kafkiana.

FUMETO Nº 5:
Me divierte la idea de una metamorfosis entre Hulk y Homero Simpson: un “Hulk-mero” que se cae al Guaire y emerge de esas aguas hediondas y putrefactas devenido en un Popeye con sobredosis de espinaca que, en plan vengador justiciero, arrasa con todo(s) a su paso.

FUMETO Nº 6,9:
Hulk da para todo ello y mucho más. Las versiones porno serían un tiro(fijo). Sólo que el viagra debería ser green y no blue. Vainas de empaque y merchandising para excitar el consumo del rebaño. Weeeeeeeeb. Weeeeeeeeb.



www.kafkaraqueno.blogspot.com

Comics en video

Fedosy Santaella


(Queridos amigos: Aquí les dejo una selección de los comics y de los artistas que más me gustan, y de alguna que otra cosa maravillosa que encontré en la red. A los autores, mi permiso para poner esto aquí y debo así decir que su arte es de ellos y mi única intención aquí es promocionarlo. Gracias).




Milo Manara dibujando una chica Manara





Robert Crumb le da consejos a su hijo





Arkham Asylum, el Batman de Dave McKean (fan film)





Boogie el Aceitoso de Roberto Fontanarrosa






Corto Maltés, el trailer




Muto por Blu





www.fedosysantaella.blogspot.com

Chang "redio"


Y de último, pero nunca lo menos importante, Los Hermanos Chang se complacen en informar que sus ínclitos maestros —los hermanos Chang— se han hecho un espacio (a fuerza de extorsiones, amenazas y demás argucias) en el programa Papelón con Limón de la Mega Estación, conducido por Mariela Celis y Alex Goncalves. Todos los jueves, entre doce y una, los hermanos Chang nos reglarán dos minutos (o más) de Chang “redio”, radioteatros totalmente Chang, un espacio producido e interpretado por Fedosy Santaella, Joaquín Ortega y Roberto Echeto (no nos cabe duda de que otros testaferros se irán sumando).

Pero para que nadie se quede por fuera, hemos tenido a bien regalarles una páguna Podomatic (aquí va la R esa encerrada en un círculo) con los cuatro radioteatros que corresponden al mes de julio donde podremos disfrutar de los pillajes de los artistas malandros Mojito y Guasacaca, viviremos un desorden espacio-temporal con las aventuras de Lord Byron en el Terminal de la Bandera, conoceremos la astucia del duro motorizado Jarley Pacheco, y “ocservaremos” cómo la música neo punk satánica puede afectar la mente de la gente de colegio que no son bachilleres en el mini programa “Decodificando la canción” (ción…ción… ción…)

Muchas gracias, estamos a la orden y que sueñen con los angelitos.